La destrucción y la miseria
perturban Gaza. Los más recientes ataques y los años de conflicto con Israel
han dejado montones de escombros.
En este panorama es notable
el predominio masculino en las calles y comercios. Pero existe un lugar que
hasta hace poco permanecía como un espacio pulcro y ordenado: la Universidad
Islámica de Gaza, símbolo cultural de Hamás.
Hasta antes de los ataques
israelís, en sus patios se respiraba sosiego. No se escuchaba un solo grito ni
se observaban los típicos ademanes, tan expresivos, a los que son propensos los
palestinos. Y es que la presencia femenina es mayoritaria: el 58 por ciento de
los 22 mil estudiantes son chicas.
A la par de la Universidad
Islámica, los otros pilares básicos del Movimiento de Resistencia Islámica
(Hamás) son la mezquita y la milicia que combate al ejército israelí. Así que
la universidad no queda exenta de ser blanco de ataques. El 2 de febrero de
2007 un grupo ligado al líder de Al Fatah -acérrimo enemigo de Hamás- arrasó e
incendió varios de los 12 edificios del centro universitario.
Se salvaron de la quema los
ocupados por las mujeres. Los escombros calcinados inundaban salones y aulas.
Se volcaron en la reconstrucción sin perder un segundo y sin suspender las
clases. Se las han arreglado para que en tiempo récord todo vuelva a algo
parecido a la normalidad. Porque nada es normal o rutinario en Gaza.
Universitarias
de pies a cabeza
El patio de las mujeres de
la Universidad Islámica está a reventar a las dos de la tarde. Cientos de
chicas con atuendos oscuros charlan bajo los árboles. Isra al Mudallal, de 28
años, se acerca a explicar por qué porta el velo y el yilbab (Túnica negra que cubre de pies a cabeza a las mujeres). La joven estudiante de
Periodismo se explaya en un inglés perfecto, fruto de muchos años de residencia
en el Reino Unido.
"La gente empieza a rezar
cuando ve la muerte cerca, y aquí estamos muy habituados a eso. Los israelís
colaboran demasiado", dice.
"¿Quieres conocer a una
chica que se quita el velo nada más salir del recinto?". De inmediato Isra saca
el teléfono celular y llama a un número. Un par de minutos después, aparece
Sara al Masri, de 19 años y estudiante de Óptica.
"Fuera no llevo nunca el
velo y jamás tengo problemas. Sólo en algunos lugares concretos prefiero
utilizarlo. Cumplo con los preceptos básicos del Islam, pero, para mí, cubrirme
la cabeza no es fundamental", sonríe Sara. "Será castigada cuando muera", comenta
Isra y las dos se ríen abrazadas.
La mayoría de las
estudiantes sólo conoce los 367 kilómetros cuadrados de la enorme prisión que
es Gaza. Si se les pregunta qué consultan en Internet, las respuestas son el
Islam o las materias vinculadas a sus estudios.
Sin apenas posibilidad de
estudiar en el extranjero, su pequeño mundo se reduce a casi nada. Y eso que
resultaría sencillo emigrar para jóvenes como Sara al Masri, con familia en
Canadá. "Me gustaría estudiar en el extranjero, pero no tengo medios
financieros".

