Según la Organización Mundial de la Salud, en el
año 2000, había 171 millones de personas que sufren esta condición (el 2.8% de
la población); y la proporción aumenta rápidamente, y se espera que para el
2030, casi el 5% de todos los seres humanos sean diabéticos.
Esta enfermedad es conocida desde hace mucho
tiempo; Areteo de Capadocia, probablemente el médico más famoso del siglo 1 d.C.
Entre sus 8 libros, habla de una enfermedad que hace que la orina se vuelva tan
dulce, que atrae a los insectos que frecuentan las flores, como las abejas. Las
personas que sufrían esta extraña enfermedad bebían y comían en exceso y
orinaban con frecuencia, y por eso caminaban con las piernas abiertas; en
griego antiguo, el verbo diabeinein significaba "caminar con las piernas
arqueadas". La palabra "diabetes" significa, por lo tanto, "aquel que camina
con las piernas arqueadas". Una vez qye aparecían los síntomas, estas personas no
vivían mucho tiempo. Algunos
parecían descomponerse en vida; sus piernas y brazos se pudrían; otros quedaban
ciegos, y otros más se volvían locos.
Poco a poco, el misterio de la diabetes comenzó a
despejarse. Durante la Edad Media, Abu Ali Sinna repitió una de las observaciones clave de Areteo;
parecían existir dos variedades de diabetes: la primera atacaba a los jóvenes,
y la segunda aparecía, en forma más o menos repentina, en personas adultas.
En 1675, el célebre médico inglés Thomas Willis (miembro
fundador de la Royal Society), estudió en detalle a los enfermos de diabetes;
fue él quien usó por primera vez el término "mellitus", que en latín significa
"parecido a la miel", en el nombre de la enfermedad.
Para ese entonces, las características eran bien
conocidas; además de la abundante orina dulce, los diabéticos perdían capacidad
sexual, tenían un apetito exagerado, y a veces sufrían dolores que nadie podía
entender, pues las partes afectadas tenían un aspecto normal. También perdían
casi toda su capacidad para trabajar; a pesar de comer en forma exagerada,
siempre se sentían débiles.
En 1889, Joseph von Mering y Oskar Minkowski (un
alemán y un lituano) descubrieron que los síntomas aparecían de golpe en los
perros a los que se les había quitado el páncreas. Por primera vez en la
historia, era posible localizar la parte del cuerpo en donde parecía ocurrir el
problema.
Poco tiempo después, Sir Frederick Gant Banting y
Charles Herbert Best tomaron páncreas de perro para hacer un extracto a partir
de unas pequeñas estructuras, llamadas "islotes de Langerhans". Este extracto
revertía los síntomas de la diabetes sintética de los perros a los que se les había
quitado el páncreas. No sólo descubrieron el órgano afectado, sino que
encontraron un remedio.
Como sucede en el mundo de la ciencia aplicada,
las cosas no siempre son tan sencillas como parecen. Al estudiar los distintos
tipos de diabetes con las herramientas del siglo XX, quedó claro que tienen
causas diferentes: la diabetes juvenil ocurre cuando el sistema inmunológico
del cuerpo desconoce las células productoras de insulina, y las destruye. Nadie
sabe por qué pasa esto; las víctimas en muchos casos llevan una vida sana y
activa. No parece existir alguna característica genética, o alguna costumbre,
que pueda desencadenarla, aunque en algunos casos muy particulares parece que
hay un virus involucrado.

