El 24 de noviembre de 1859 salió a la luz el libro que, probablemente, es el más influyente de toda la historia.
<!--StartFragment-->
Los rumores sobre los contenidos de “El Origen de la Especies por Medio de la Selección Natural” se habían dispersado por mucho tiempo.
La primera edición desapareció de las librerías inglesas en menos de un día.
El libro tiene centenares de páginas a renglón cerrado, sin embargo su mayor impacto lo generó una pequeña frase perdida en el texto “...se iluminará el origen del hombre, y su historia...”.
Claramente, Darwin creía que el ser humano era indistinguible de las bestias.
Darwin pensó mucho antes de publicar la obra. Por una parte, sabía que sus argumentos estaban incompletos, por ejemplo ¿cómo es que se heredan las características de todo tipo de una generación a otra?.
Por otra, sabía que sus ideas levantarían un enorme revuelo.
Desde su regreso del famoso viaje y por varias décadas, Darwin fue un hombre enfermo, con poca fuerza para enfrentar a la ira popular, incluso en la civilizada Inglaterra.
Poco tiempo después, Darwin se descaró y publicó “El Origen del Hombre”, donde deja claro que el ser humano es un primate y que los simios actuales son nuestros “primos” evolutivos.
Poco después, sus ideas, no siempre bien entendidas, sirvieron para inspirar a todos los movimientos políticos y económicos del siglo 20.
Actualmente, la única defensa contra los argumentos de Darwin es la terquedad: la evidencia de la realidad de la evolución es multifacética, apabullante y siempre creciente.
Uno puede ver la evolución de toda clase de sistemas materiales y se ha explotado este fenómeno a gran escala en muchas industrias, pero hasta hace poco no habíamos visto evolucionar a un grupo humano.

