Cuando tiembla la tierra no solo se mueven las piedras, también la sangre. Los árboles echan las hojas que ya no sirven, y el cuerpo se estremece. La columna vertebral del tiempo se quiebra y tumba todo.
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Hoy, en Haití la sangre se ha movido. Toneladas de polvo y escombros rodaron en forma de fotografías, videos, tweets y titulares de periódicos desde un país que jamás ha conocido el sosiego.
Aunque Haití fue el primer país donde se abolió la esclavitud y el primero en América Latina en conseguir su independencia, en 1804, la colonización lo dejó en estado de coma. Doscientos años no han bastado para alcanzar la recuperación.
Las dictaduras de Francois Duvalier y posteriormente de su hijo Jean Claude, hasta 1986, prolongaron el sufrimiento. Ahora nueve millones de personas viven en una región donde la devastación de sus bosques ha desequilibrado la actividad agrícola.
Cuatro tormentas tropicales en 2008 derrumbaron la economía, que apenas despertarba después de años de dictadura y violencia.
Hoy, un país donde 54 por ciento de la población sobrevive en la miseria, necesita ayuda.
Según UNICEF, 60 por ciento de los hogares rurales sufren inseguridad alimentaria crónica, y 20 por ciento son muy vulnerables. En la zona urbana de Puerto Príncipe, una de cada tres personas apenas sabe lo que es tener alimento diario.
Podemos compadecernos como el escritor cubano Alejo Carpentier, que viajó a Haití en los 40 para escribir una novela sobre la isla.
Las historias de esclavitud y despojo lo llevaron a reflexionar algo que hoy es clave en el terremoto: “Hermoso dentro de su miseria, capaz de amar en medio de las plagas, el hombre puede hallar su grandeza, su máxima medida en ‘El Reino de este Mundo’”.
Solo así, cuando tiembla la tierra, no solo las piedras se mueven. También el corazón.
Haz clic para leer “La maldición blanca”, publicada en 2004 por su bicentenario.
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/index-2004-04-04.html
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Muy buena edición!