The Inn en St. Botolph, Boston
Por Jodi Kantor y Ron Lieber
Imagina un hotel sin los servicios básicos que a veces salen sobrando como estacionamiento, botones y conserjes y que solo ofrezca habitaciones bien ubicadas y con mucho estilo.
Bienvenido al experimento que está reinventando este hotel que incluso ha eliminado las llaves: los huéspedes ingresan un código en un teclado para poder entrar a sus suites.
Ubicación
Al hotel lo llaman Back Bay, otros le dicen South End. De cualquier manera, la ubicación es muy buena: a unas cuadras de Prudential Center pero en la parte silencioso de la avenida Huntington, en la calle Serena, donde nos encantaría vivir.
Habitación
Si vas a cobrar $200 dólares diarios por un servicio tan limitado, la habitación debe ser impresionante. Y así es, las suites son mucho más ventiladas y atractivas que los cuartos del Westin y del Sheraton. Aunque cabe la posibilidad de que te toque un calabozo: la habitación 100 es un sótano oscuro con una mesa sobresaliente.
Están decoradas en un estilo que podemos llamar Masculino Moderno: colores neutros y rayas, incluyendo ingeniosas cortinas en café y blanco.
La mayoría de las habitaciones tienen chimenea de gas y todas tienen cocineta con platos, sartenes e incluso copas para champaña. Cada habitación tiene su mesa, pero un hotel con estos precios que espera atraer a multitudes que se queden un buen tiempo, necesita tener sillas ergonómicas.
Baños
¿Por qué ahora es tan difícil encontrar tinas de baño? Como muchos nuevos hoteles, el St. Botolph tiene regaderas que parecen prometedoras pero cuya presión de agua solo la apreciarían los más ecológicos. Los pisos del baño están cubiertos con un material de goma grueso, como los patios de juegos infantiles.
Amenidades
Dado que el hotel no tiene estacionamiento ni ayuda con las maletas y el servicio de aseo es mínimo, la experiencia de autoservicio pudiera parecer perfecta.
Servicio a la habitación
¡Olvídalo! Piensa en un sótano con un horrible surtido de muffins Sara Lee y pequeñas porciones de mermelada de manzana. En nuestra primera mañana, la máquina de latte sirvió leche agria. En la segunda mañana, la puerta de la estancia estaba cerrada a las 6:30 am y la habitación no tenía servicio de café.
A fin de cuentas
Lo mejor del hotel es que no hay otro igual. Las suites son grandes y con mucho estilo y no hay amontonamientos en el elevador con grandes grupos que van en tour. Si fantaseas con tu propio lugar en Back Bay, el St. Botolph te permitirá tomar uno prestado. Pero eso será todo lo que obtengas. Tal vez tengas que traer tu propio café.

